La Primera Señal

Juan 2:1-4:42

21Al día siguiente,* se celebró una boda en la aldea de Caná de Galilea. La madre de Jesús estaba presente, 2y también fueron invitados a la fiesta Jesús y sus discípulos. 3Durante la celebración, se acabó el vino, entonces la madre de Jesús le dijo:

MARÍA MADRE DE JESÚS

—Se quedaron sin vino.

JESÚS

4—Apreciada mujer, ese no es nuestro problema

—respondió Jesús—.

JESÚS

Todavía no ha llegado mi momento.

5Sin embargo, su madre les dijo a los sirvientes:

MARÍA MADRE DE JESÚS

«Hagan lo que él les diga».

6Cerca de allí había seis tinajas de piedra, que se usaban para el lavado ceremonial de los judíos. Cada tinaja tenía una capacidad de entre setenta y cinco a ciento trece litros.* 7Jesús les dijo a los sirvientes:

JESÚS

«Llenen las tinajas con agua».

Una vez que las tinajas estuvieron llenas, 8les dijo:

JESÚS

«Ahora saquen un poco y llévenselo al maestro de ceremonias».

Así que los sirvientes siguieron sus indicaciones.
9Cuando el maestro de ceremonias probó el agua que ahora era vino, sin saber de dónde provenía (aunque, por supuesto, los sirvientes sí lo sabían), mandó a llamar al novio.

EL MAESTRO DE CEREMONIAS

10«Un anfitrión siempre sirve el mejor vino primero

—le dijo—,

EL MAESTRO DE CEREMONIAS

y una vez que todos han bebido bastante, comienza a ofrecer el vino más barato. ¡Pero tú has guardado el mejor vino hasta ahora!».

11Esta señal milagrosa en Caná de Galilea marcó la primera vez que Jesús reveló su gloria. Y sus discípulos creyeron en él.
12Después de la boda, se fue unos días a Capernaúm con su madre, sus hermanos y sus discípulos.
13Se acercaba la fecha de la celebración de la Pascua judía, así que Jesús fue a Jerusalén. 14Vio que en la zona del templo había unos comerciantes que vendían ganado, ovejas y palomas para los sacrificios; vio a otros que estaban en sus mesas cambiando dinero extranjero. 15Jesús se hizo un látigo con unas cuerdas y expulsó a todos del templo. Echó las ovejas y el ganado, arrojó por el suelo las monedas de los cambistas y les volteó las mesas. 16Luego se dirigió a los que vendían palomas y les dijo:

JESÚS

«Saquen todas esas cosas de aquí. ¡Dejen de convertir la casa de mi Padre en un mercado!».

17Entonces sus discípulos recordaron la profecía de las Escrituras que dice: «El celo por la casa de Dios me consumirá»*.
18Pero los líderes judíos exigieron:

LOS LÍDERES JUDÍOS

—¿Qué estás haciendo? Si Dios te dio autoridad para hacer esto, muéstranos una señal milagrosa que lo compruebe.

JESÚS

19—De acuerdo

—contestó Jesús—.

JESÚS

Destruyan este templo y en tres días lo levantaré.

LOS LÍDERES JUDÍOS

20—¡Qué dices!

—exclamaron—.

LOS LÍDERES JUDÍOS

Tardaron cuarenta y seis años en construir este templo, ¿y tú puedes reconstruirlo en tres días?

21Pero cuando Jesús dijo «este templo», se refería a su propio cuerpo. 22Después que resucitó de los muertos, sus discípulos recordaron que había dicho esto y creyeron en las Escrituras y también en lo que Jesús había dicho.
23Debido a las señales milagrosas que Jesús hizo en Jerusalén durante la celebración de la Pascua, muchos comenzaron a confiar en él; 24pero Jesús no confiaba en ellos porque conocía todo acerca de las personas. 25No hacía falta que nadie le dijera sobre la naturaleza humana, pues él sabía lo que había en el corazón de cada persona.
31Había un hombre llamado Nicodemo, un líder religioso judío, de los fariseos. 2Una noche, fue a hablar con Jesús:

NICODEMO

—Rabí*

—le dijo—,

NICODEMO

todos sabemos que Dios te ha enviado para enseñarnos. Las señales milagrosas que haces son la prueba de que Dios está contigo.

3Jesús le respondió:

JESÚS

—Te digo la verdad, a menos que nazcas de nuevo,* no puedes ver el reino de Dios.

NICODEMO

4—¿Qué quieres decir?

—exclamó Nicodemo—.

NICODEMO

¿Cómo puede un hombre mayor volver al vientre de su madre y nacer de nuevo?

5Jesús le contestó:

JESÚS

—Te digo la verdad, nadie puede entrar en el reino de Dios si no nace de agua y del Espíritu.* 6El ser humano solo puede reproducir la vida humana, pero la vida espiritual nace del Espíritu Santo.* 7Así que no te sorprendas cuando digo: “Tienen que nacer de nuevo”. 8El viento sopla hacia donde quiere. De la misma manera que oyes el viento pero no sabes de dónde viene ni adónde va, tampoco puedes explicar cómo las personas nacen del Espíritu.

NICODEMO

9—¿Cómo es posible todo esto?

—preguntó Nicodemo.
10Jesús le contestó:

JESÚS

—¿Tú eres un respetado maestro judío y aún no entiendes estas cosas? 11Te aseguro que les contamos lo que sabemos y hemos visto, y ustedes todavía se niegan a creer nuestro testimonio. 12Ahora bien, si no me creen cuando les hablo de cosas terrenales, ¿cómo creerán si les hablo de cosas celestiales? 13Nadie jamás fue al cielo y regresó, pero el Hijo del Hombre* bajó del cielo. 14Y, así como Moisés levantó la serpiente de bronce en un poste en el desierto, así deberá ser levantado el Hijo del Hombre, 15para que todo el que crea en él tenga vida eterna.*
16»Pues Dios amó tanto al mundo que dio* a su único Hijo, para que todo el que crea en él no se pierda, sino que tenga vida eterna. 17Dios no envió a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para salvarlo por medio de él.
18»No hay condenación para todo el que cree en él, pero todo el que no cree en él ya ha sido condenado por no haber creído en el único Hijo de Dios. 19Esta condenación se basa en el siguiente hecho: la luz de Dios llegó al mundo, pero la gente amó más la oscuridad que la luz, porque sus acciones eran malvadas. 20Todos los que hacen el mal odian la luz y se niegan a acercarse a ella porque temen que sus pecados queden al descubierto, 21pero los que hacen lo correcto se acercan a la luz, para que otros puedan ver que están haciendo lo que Dios quiere.*

22Luego Jesús y sus discípulos salieron de Jerusalén y se fueron al campo de Judea. Jesús pasó un tiempo allí con ellos, bautizando a la gente.
23En ese tiempo, Juan el Bautista bautizaba en Enón, cerca de Salim, porque allí había mucha agua; y la gente iba a él para ser bautizada. 24(Eso ocurrió antes de que metieran a Juan en la cárcel). 25Surgió un debate entre los discípulos de Juan y cierto judío* acerca de la purificación ceremonial. 26Entonces los discípulos de Juan fueron a decirle:

LOS DISCÍPULOS DE JUAN

—Rabí, el hombre que estaba contigo al otro lado del río Jordán, a quien identificaste como el Mesías, también está bautizando a la gente. Y todos van a él en lugar de venir a nosotros.

27Juan respondió:

JUAN EL BAUTISTA

—Nadie puede recibir nada a menos que Dios se lo conceda desde el cielo. 28Ustedes saben que les dije claramente: “Yo no soy el Mesías; estoy aquí solamente para prepararle el camino a él”. 29Es el novio quien se casa con la novia, y el amigo del novio simplemente se alegra de poder estar al lado del novio y oír sus votos. Por lo tanto, oír que él tiene éxito me llena de alegría. 30Él debe tener cada vez más importancia y yo, menos.
31»Él vino de lo alto y es superior a cualquier otro. Nosotros somos de la tierra y hablamos de cosas terrenales, pero él vino del cielo y es superior a todos.* 32Él da testimonio de lo que ha visto y oído, ¡pero qué pocos creen en lo que les dice! 33Todo el que acepta su testimonio puede confirmar que Dios es veraz. 34Pues él es enviado por Dios y habla las palabras de Dios, porque Dios le da el Espíritu sin límites. 35El Padre ama a su Hijo y ha puesto todo en sus manos. 36Los que creen en el Hijo de Dios tienen vida eterna. Los que no obedecen al Hijo nunca tendrán vida eterna, sino que permanecen bajo la ira del juicio de Dios.

41Jesús* sabía que los fariseos se habían enterado de que él hacía y bautizaba más discípulos que Juan 2(aunque no era Jesús mismo quien los bautizaba sino sus discípulos). 3Así que se fue de Judea y volvió a Galilea.
4En el camino, tenía que pasar por Samaria. 5Entonces llegó a una aldea samaritana llamada Sicar, cerca del campo que Jacob le dio a su hijo José. 6Allí estaba el pozo de Jacob; y Jesús, cansado por la larga caminata, se sentó junto al pozo cerca del mediodía. 7Poco después, llegó una mujer samaritana a sacar agua, y Jesús le dijo:

JESÚS

—Por favor, dame un poco de agua para beber.

8Él estaba solo en ese momento porque sus discípulos habían ido a la aldea a comprar algo para comer.
9La mujer se sorprendió, ya que los judíos rechazan todo trato con los samaritanos.* Entonces le dijo a Jesús:

LA MUJER SAMARITANA

—Usted es judío, y yo soy una mujer samaritana. ¿Por qué me pide agua para beber?

10Jesús contestó:

JESÚS

—Si tan solo supieras el regalo que Dios tiene para ti y con quién estás hablando, tú me pedirías a mí, y yo te daría agua viva.

LA MUJER SAMARITANA

11—Pero señor, usted no tiene ni una soga ni un balde

—le dijo ella—,

LA MUJER SAMARITANA

y este pozo es muy profundo. ¿De dónde va a sacar esa agua viva? 12Además, ¿se cree usted superior a nuestro antepasado Jacob, quien nos dio este pozo? ¿Cómo puede usted ofrecer mejor agua que la que disfrutaron él, sus hijos y sus animales?

13Jesús contestó:

JESÚS

—Cualquiera que beba de esta agua pronto volverá a tener sed, 14pero todos los que beban del agua que yo doy no tendrán sed jamás. Esa agua se convierte en un manantial que brota con frescura dentro de ellos y les da vida eterna.

LA MUJER SAMARITANA

15—Por favor, señor

—le dijo la mujer—,

LA MUJER SAMARITANA

¡déme de esa agua! Así nunca más volveré a tener sed y no tendré que venir aquí a sacar agua.

16Jesús le dijo:

JESÚS

—Ve y trae a tu esposo.

LA MUJER SAMARITANA

17—No tengo esposo

—respondió la mujer.

JESÚS

—Es cierto

—dijo Jesús—.

JESÚS

No tienes esposo 18porque has tenido cinco esposos y ni siquiera estás casada con el hombre con el que ahora vives. ¡Ciertamente dijiste la verdad!

LA MUJER SAMARITANA

19—Señor

—dijo la mujer—,

LA MUJER SAMARITANA

seguro que usted es profeta. 20Así que dígame, ¿por qué ustedes, los judíos, insisten en que Jerusalén es el único lugar donde se debe adorar, mientras que nosotros, los samaritanos, afirmamos que es aquí, en el monte Gerizim,* donde adoraron nuestros antepasados?

21Jesús le contestó:

JESÚS

—Créeme, querida mujer, que se acerca el tiempo en que no tendrá importancia si se adora al Padre en este monte o en Jerusalén. 22Ustedes, los samaritanos, saben muy poco acerca de aquel a quien adoran, mientras que nosotros, los judíos, conocemos bien a quien adoramos, porque la salvación viene por medio de los judíos. 23Pero se acerca el tiempo —de hecho, ya ha llegado— cuando los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad. El Padre busca personas que lo adoren de esa manera. 24Pues Dios es Espíritu, por eso todos los que lo adoran deben hacerlo en espíritu y en verdad.

25La mujer dijo:

LA MUJER SAMARITANA

—Sé que el Mesías está por venir, al que llaman Cristo. Cuando él venga, nos explicará todas las cosas.

26Entonces Jesús le dijo:

JESÚS

—¡Yo soy el Mesías!*

27Justo en ese momento, volvieron sus discípulos. Se sorprendieron al ver que Jesús hablaba con una mujer, pero ninguno se atrevió a preguntarle: «¿Qué quieres de ella?» o «¿Por qué le hablas?». 28La mujer dejó su cántaro junto al pozo y volvió corriendo a la aldea mientras les decía a todos:

LA MUJER SAMARITANA

29«¡Vengan a ver a un hombre que me dijo todo lo que he hecho en mi vida! ¿No será este el Mesías?».

30Así que la gente salió de la aldea para verlo.
31Mientras tanto, los discípulos le insistían a Jesús:

LOS DISCÍPULOS

—Rabí,* come algo.

32Jesús les respondió:

JESÚS

—Yo tengo una clase de alimento que ustedes no conocen.

LOS DISCÍPULOS

33«¿Le habrá traído alguien de comer mientras nosotros no estábamos?»,

se preguntaban los discípulos unos a otros.
34Entonces Jesús explicó:

JESÚS

—Mi alimento consiste en hacer la voluntad de Dios, quien me envió, y en terminar su obra. 35Ustedes conocen el dicho: “Hay cuatro meses entre la siembra y la cosecha”, pero yo les digo: despierten y miren a su alrededor, los campos ya están listos* para la cosecha. 36A los segadores se les paga un buen salario, y los frutos que cosechan son personas que pasan a tener la vida eterna. ¡Qué alegría le espera tanto al que siembra como al que cosecha! 37Ya saben el dicho: “Uno siembra y otro cosecha”, y es cierto. 38Yo los envié a ustedes a cosechar donde no sembraron; otros ya habían hecho el trabajo, y ahora a ustedes les toca levantar la cosecha.

39Muchos samaritanos de esa aldea creyeron en Jesús, porque la mujer había dicho:

LA MUJER SAMARITANA

«¡Él me dijo todo lo que hice en mi vida!».

40Cuando salieron a verlo, le rogaron que se quedara en la aldea. Así que Jesús se quedó dos días, 41tiempo suficiente para que muchos más escucharan su mensaje y creyeran. 42Luego le dijeron a la mujer:

LOS SAMARITANOS

«Ahora creemos, no solo por lo que tú nos dijiste, sino porque lo hemos oído en persona. Ahora sabemos que él es realmente el Salvador del mundo».

2:1 En griego Al tercer día; ver 1:35, 43.
2:6 En griego 2 o 3 medidas [entre 20 y 30 galones].
2:17 O «La preocupación por la casa de Dios será mi ruina». Sal 69:9.
3:2 Rabí, del arameo, significa «amo» o «maestro»; también en 3:26.
3:3 O de lo alto; también en 3:7.
3:5 O y espíritu. La palabra griega que se usa para Espíritu también puede traducirse viento; ver 3:8.
3:6 En griego pero lo que nace del Espíritu es espíritu.
3:13 Algunos manuscritos agregan quien vive en el cielo. «Hijo del Hombre» es un título que Jesús empleaba para referirse a sí mismo.
3:15 O todo el que crea tenga vida eterna en él.
3:16 O Pues así es cómo Dios amó al mundo: dio.
3:21 O puedan ver a Dios obrando en lo que él hace.
3:25 Algunos manuscritos dicen y algunos judíos.
3:31 Algunos manuscritos no incluyen y es superior a todos.
4:1 Algunos manuscritos dicen El Señor.
4:9 Algunos manuscritos no incluyen esta oración.
4:20 En griego en este monte.
4:26 O —¡El “Yo soy” está aquí!; o —¡Yo soy el Señor!; en griego dice —Yo soy, el que habla contigo. Ver Ex 3:14.
4:31 Rabí, del arameo, significa «amo» o «maestro».
4:35 En griego blancos.

COMPARACIÓN, CONTRASTE & REPETICIÓN

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