Multiplicación & Martirio

Hechos 5:12-8:4

512Los apóstoles hacían muchas señales milagrosas y maravillas entre la gente. Y todos los creyentes se reunían con frecuencia en el templo, en el área conocida como el pórtico de Salomón; 13pero nadie más se atrevía a unirse a ellos, aunque toda la gente los tenía en alta estima. 14Sin embargo, cada vez más personas —multitudes de hombres y mujeres— creían y se acercaban al Señor. 15Como resultado del trabajo de los apóstoles, la gente sacaba a los enfermos a las calles en camas y camillas para que la sombra de Pedro cayera sobre algunos de ellos cuando él pasaba. 16Multitudes llegaban desde las aldeas que rodeaban a Jerusalén y llevaban a sus enfermos y a los que estaban poseídos por espíritus malignos,* y todos eran sanados.
17El sumo sacerdote y sus funcionarios, que eran saduceos, se llenaron de envidia. 18Arrestaron a los apóstoles y los metieron en la cárcel pública; 19pero un ángel del Señor llegó de noche, abrió las puertas de la cárcel y los sacó. Luego les dijo:

UN ÁNGEL

20«¡Vayan al templo y denle a la gente este mensaje de vida!».

21Así que, al amanecer, los apóstoles entraron en el templo como se les había dicho, y comenzaron a enseñar de inmediato.
Cuando llegaron el sumo sacerdote y sus funcionarios, convocaron al Concilio Supremo,* es decir, a toda la asamblea de los ancianos de Israel. Luego mandaron a sacar a los apóstoles de la cárcel para llevarlos a juicio; 22pero cuando los guardias del templo llegaron a la cárcel, los hombres ya no estaban. Entonces regresaron al Concilio y dieron el siguiente informe:

LOS GUARDIAS DEL TEMPLO

23«La cárcel estaba bien cerrada, los guardias estaban afuera en sus puestos, pero cuando abrimos las puertas, ¡no había nadie!».

24Cuando el capitán de la guardia del templo y los sacerdotes principales oyeron esto, quedaron perplejos y se preguntaban en qué iba a terminar todo el asunto. 25Entonces alguien llegó con noticias sorprendentes:

ALGUIEN

«¡Los hombres que ustedes metieron en la cárcel están en el templo enseñando a la gente!».

26El capitán fue con los guardias del templo y arrestó a los apóstoles, pero sin violencia, porque tenían miedo de que la gente los apedreara. 27Después llevaron a los apóstoles ante el Concilio Supremo, donde los confrontó el sumo sacerdote.

ANÁS EL SUMO SACERDOTE

28—¡Les ordenamos estrictamente que no enseñaran nunca más en nombre de ese hombre!

—les dijo—.

ANÁS EL SUMO SACERDOTE

En lugar de eso, han llenado a toda Jerusalén con la enseñanza acerca de él, ¡y quieren hacernos responsables de su muerte!

29Pero Pedro y los apóstoles respondieron:

LOS DOCE APÓSTOLES

—Nosotros tenemos que obedecer a Dios antes que a cualquier autoridad humana. 30El Dios de nuestros antepasados levantó a Jesús de los muertos después de que ustedes lo mataron colgándolo en una cruz.* 31Luego Dios lo puso en el lugar de honor, a su derecha, como Príncipe y Salvador. Lo hizo para que el pueblo de Israel se arrepintiera de sus pecados y fuera perdonado. 32Nosotros somos testigos de estas cosas y también lo es el Espíritu Santo, dado por Dios a todos los que lo obedecen.

33Al oír esto, el Concilio Supremo se enfureció y decidió matarlos; 34pero uno de los miembros, un fariseo llamado Gamaliel, experto en la ley religiosa y respetado por toda la gente, se puso de pie y ordenó que sacaran de la sala del Concilio a los apóstoles por un momento. 35Entonces les dijo a sus colegas:

GAMALIEL

«Hombres de Israel, ¡tengan cuidado con lo que piensan hacerles a estos hombres! 36Hace algún tiempo, hubo un tal Teudas, quien fingía ser alguien importante. Unas cuatrocientas personas se le unieron, pero a él lo mataron y todos sus seguidores se fueron cada cual por su camino. Todo el movimiento se redujo a nada. 37Después de él, en el tiempo en que se llevó a cabo el censo, apareció un tal Judas de Galilea. Logró que gente lo siguiera, pero a él también lo mataron, y todos sus seguidores se dispersaron.
38»Así que mi consejo es que dejen a esos hombres en paz. Pónganlos en libertad. Si ellos están planeando y actuando por sí solos, pronto su movimiento caerá; 39pero si es de Dios, ustedes no podrán detenerlos. ¡Tal vez hasta se encuentren peleando contra Dios!».

40Los otros miembros aceptaron su consejo. Llamaron a los apóstoles y mandaron que los azotaran. Luego les ordenaron que nunca más hablaran en el nombre de Jesús y los pusieron en libertad.
41Los apóstoles salieron del Concilio Supremo con alegría, porque Dios los había considerado dignos de sufrir deshonra por el nombre de Jesús.* 42Y cada día, en el templo y casa por casa, seguían enseñando y predicando este mensaje:

LOS DOCE APÓSTOLES

«Jesús es el Mesías».

61Al multiplicarse los creyentes* rápidamente, hubo muestras de descontento. Los creyentes que hablaban griego se quejaban de los que hablaban hebreo diciendo que sus viudas eran discriminadas en la distribución diaria de los alimentos.
2De manera que los Doce convocaron a todos los creyentes a una reunión. Dijeron:

LOS DOCE APÓSTOLES

«Nosotros, los apóstoles, deberíamos ocupar nuestro tiempo en enseñar la palabra de Dios, y no en dirigir la distribución de alimento. 3Por lo tanto, hermanos, escojan a siete hombres que sean muy respetados, que estén llenos del Espíritu y de sabiduría. A ellos les daremos esa responsabilidad. 4Entonces nosotros, los apóstoles, podremos dedicar nuestro tiempo a la oración y a enseñar la palabra».

5A todos les gustó la idea y eligieron a Esteban (un hombre lleno de fe y del Espíritu Santo), a Felipe, a Prócoro, a Nicanor, a Timón, a Parmenas y a Nicolás de Antioquía (quien anteriormente se había convertido a la fe judía). 6Estos siete hombres fueron presentados ante los apóstoles, quienes oraron por ellos y les impusieron las manos.
7Así que el mensaje de Dios siguió extendiéndose. El número de creyentes aumentó en gran manera en Jerusalén, y muchos de los sacerdotes judíos también se convirtieron.
8Esteban, un hombre lleno de la gracia y del poder de Dios, hacía señales y milagros asombrosos entre la gente. 9Cierto día, unos hombres de la sinagoga de los Esclavos Liberados —así la llamaban— comenzaron a debatir con él. Eran judíos de Cirene, Alejandría, Cilicia y de la provincia de Asia. 10Ninguno de ellos podía hacerle frente a la sabiduría y al Espíritu con que hablaba Esteban.
11Entonces persuadieron a unos hombres para que dijeran mentiras acerca de Esteban. Ellos declararon:

UNOS FALSOS TESTIGOS

«Nosotros lo oímos blasfemar contra Moisés y hasta contra Dios».

12Esto provocó a la gente, a los ancianos y a los maestros de la ley religiosa. Así que arrestaron a Esteban y lo llevaron ante el Concilio Supremo.*
13Los testigos mentirosos dijeron:

UNOS FALSOS TESTIGOS

«Este hombre siempre habla contra el santo templo y contra la ley de Moisés. 14Lo hemos oído decir que ese tal Jesús de Nazaret* destruirá el templo y cambiará las costumbres que Moisés nos transmitió».

15En ese momento, todos los del Concilio Supremo fijaron la mirada en Esteban, porque su cara comenzó a brillar como la de un ángel.
71Entonces el sumo sacerdote le preguntó a Esteban:

ANÁS EL SUMO SACERDOTE

—¿Son ciertas estas acusaciones?

2Esteban dio la siguiente respuesta:

ESTEBAN

—Hermanos y padres, escúchenme. Nuestro glorioso Dios se le apareció a nuestro antepasado Abraham en Mesopotamia antes de que él se estableciera en Harán.* 3Dios le dijo: “Deja tu patria y a tus parientes y entra en la tierra que yo te mostraré”*. 4Entonces Abraham salió del territorio de los caldeos y vivió en Harán hasta que su padre murió. Después Dios lo trajo hasta aquí, a la tierra donde ustedes viven ahora.
5»Sin embargo, Dios no le dio ninguna herencia aquí, ni siquiera un metro cuadrado de tierra; pero Dios sí le prometió que algún día toda la tierra les pertenecería a Abraham y a sus descendientes, aun cuando él todavía no tenía hijos. 6Dios también le dijo que sus descendientes vivirían en una tierra extranjera, donde serían oprimidos como esclavos durante cuatrocientos años. 7“Pero yo castigaré a la nación que los esclavice —dijo Dios—, y al final saldrán de allí y me adorarán en este lugar”*.
8»En aquel entonces, Dios también le dio a Abraham el pacto de la circuncisión. Así que cuando nació su hijo Isaac, Abraham lo circuncidó al octavo día; y esa práctica continuó cuando Isaac fue padre de Jacob y cuando Jacob fue padre de los doce patriarcas de la nación israelita.
9»Estos patriarcas tuvieron envidia de su hermano José y lo vendieron para que fuera esclavo en Egipto; pero Dios estaba con él 10y lo rescató de todas sus dificultades; y Dios le mostró su favor ante el faraón, el rey de Egipto. Dios también le dio a José una sabiduría fuera de lo común, de manera que el faraón lo nombró gobernador de todo Egipto y lo puso a cargo del palacio.
11»Entonces un hambre azotó a Egipto y a Canaán. Hubo mucho sufrimiento, y nuestros antepasados se quedaron sin alimento. 12Jacob oyó que aún había grano en Egipto, por lo que envió a sus hijos —nuestros antepasados— a comprar un poco. 13La segunda vez que fueron, José reveló su identidad a sus hermanos* y se los presentó al faraón. 14Después José mandó a buscar a su padre, Jacob, y a todos sus parientes para que los llevaran a Egipto, setenta y cinco personas en total. 15De modo que Jacob fue a Egipto. Murió allí, al igual que nuestros antepasados. 16Sus cuerpos fueron llevados a Siquem, donde fueron enterrados en la tumba que Abraham les había comprado a los hijos de Hamor en Siquem a un determinado precio.
17»A medida que se acercaba el tiempo en que Dios cumpliría su promesa a Abraham, el número de nuestro pueblo en Egipto aumentó considerablemente. 18Pero luego ascendió un nuevo rey al trono de Egipto, quien no sabía nada de José. 19Este rey explotó a nuestro pueblo y lo oprimió, y forzó a los padres a que abandonaran a sus recién nacidos para que murieran.
20»En esos días nació Moisés, un hermoso niño a los ojos de Dios. Sus padres lo cuidaron en casa durante tres meses. 21Cuando tuvieron que abandonarlo, la hija del faraón lo adoptó y lo crió como su propio hijo. 22A Moisés le enseñaron toda la sabiduría de los egipcios, y era poderoso tanto en palabras como en acciones.
23»Cierto día, cuando Moisés tenía cuarenta años, decidió visitar a sus parientes, el pueblo de Israel. 24Vio que un egipcio maltrataba a un israelita. Entonces Moisés salió en defensa del hombre y mató al egipcio para vengarlo. 25Moisés supuso que sus compatriotas israelitas se darían cuenta de que Dios lo había enviado para rescatarlos, pero no fue así.
26»Al día siguiente, los visitó de nuevo y vio que dos hombres de Israel estaban peleando. Trató de ser un pacificador y les dijo: “Señores, ustedes son hermanos. ¿Por qué se están peleando?”.
27»Pero el hombre que era culpable empujó a Moisés. “¿Quién te puso como gobernante y juez sobre nosotros? —le preguntó—. 28¿Me vas a matar como mataste ayer al egipcio?”. 29Cuando Moisés oyó eso, huyó del país y vivió como extranjero en la tierra de Madián. Allí nacieron sus dos hijos.
30»Cuarenta años después, en el desierto que está cerca del monte Sinaí, un ángel se le apareció a Moisés en la llama de una zarza que ardía. 31Moisés quedó asombrado al verla. Y, cuando se estaba acercando para ver mejor, la voz del Señor le dijo: 32“Yo soy el Dios de tus antepasados: el Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob”. Moisés tembló aterrorizado y no se atrevía a mirar.
33»Entonces el Señor le dijo: “Quítate las sandalias, porque estás pisando tierra santa. 34Ciertamente he visto la opresión de mi pueblo en Egipto. He escuchado sus gemidos y he descendido para rescatarlos. Ahora ve, porque te envío de regreso a Egipto”*.
35»Así que Dios envió de vuelta al mismo hombre que su pueblo había rechazado anteriormente cuando le preguntaron: “¿Quién te puso como gobernante y juez sobre nosotros?”. Mediante el ángel que se le apareció en la zarza que ardía, Dios envió a Moisés para que fuera gobernante y salvador. 36Y, por medio de muchas maravillas y señales milagrosas, él los sacó de Egipto, los guió a través del mar Rojo y por el desierto durante cuarenta años.
37»Moisés mismo le dijo al pueblo de Israel: “Dios les levantará un Profeta como yo de entre su propio pueblo”*. 38Moisés estuvo con nuestros antepasados —la asamblea del pueblo de Dios en el desierto— cuando el ángel le habló en el monte Sinaí, y allí Moisés recibió palabras que dan vida para transmitirlas a nosotros.*
39»Sin embargo, nuestros antepasados se negaron a escuchar a Moisés. Lo rechazaron y quisieron volver a Egipto. 40Le dijeron a Aarón: “Haznos unos dioses que puedan guiarnos, porque no sabemos qué le ha pasado a este Moisés, quien nos sacó de Egipto”. 41De manera que hicieron un ídolo en forma de becerro, le ofrecieron sacrificios y festejaron ese objeto que habían hecho. 42Entonces Dios se apartó de ellos y los abandonó, ¡para que sirvieran a las estrellas del cielo como sus dioses! En el libro de los profetas está escrito:
“Israel, ¿acaso era a mí a quien traías sacrificios y ofrendas
durante esos cuarenta años en el desierto?
43No, llevabas a tus dioses paganos,
el santuario de Moloc,
la estrella de tu dios Refán
y las imágenes que hiciste a fin de rendirles culto.
Por lo tanto, te mandaré al destierro,
tan lejos como Babilonia”*.
44»Nuestros antepasados llevaron el tabernáculo* con ellos a través del desierto. Lo construyeron según el plan que Dios le había mostrado a Moisés. 45Años después, cuando Josué dirigió a nuestros antepasados en las batallas contra las naciones que Dios expulsó de esta tierra, el tabernáculo fue llevado con ellos al nuevo territorio. Y permaneció allí hasta los tiempos del rey David.
46»David obtuvo el favor de Dios y pidió tener el privilegio de construir un templo permanente para el Dios de Jacob,* 47pero fue Salomón quien lo construyó. 48Sin embargo, el Altísimo no vive en templos hechos por manos humanas. Como dice el profeta:
49“El cielo es mi trono
y la tierra es el estrado de mis pies.
¿Podrían acaso construirme un templo tan bueno como ese?
—pregunta el Señor—.
¿Podrían construirme un lugar de descanso así?
50 ¿Acaso no fueron mis manos las que hicieron el cielo y la tierra?”*.
51»¡Pueblo terco! Ustedes son paganos* de corazón y sordos a la verdad. ¿Resistirán para siempre al Espíritu Santo? Eso es lo que hicieron sus antepasados, ¡y ustedes también! 52¡Mencionen a un profeta a quien sus antepasados no hayan perseguido! Hasta mataron a los que predijeron la venida del Justo, el Mesías a quien ustedes traicionaron y asesinaron. 53Deliberadamente desobedecieron la ley de Dios, a pesar de que la recibieron de manos de ángeles.

54Los líderes judíos se enfurecieron por la acusación de Esteban y con rabia le mostraban los puños;* 55pero Esteban, lleno del Espíritu Santo, fijó la mirada en el cielo, y vio la gloria de Dios y vio a Jesús de pie en el lugar de honor, a la derecha de Dios. 56Y les dijo:

ESTEBAN

«¡Miren, veo los cielos abiertos y al Hijo del Hombre de pie en el lugar de honor, a la derecha de Dios!».

57Entonces ellos se taparon los oídos con las manos y empezaron a gritar. Se lanzaron sobre él, 58lo arrastraron fuera de la ciudad y comenzaron a apedrearlo. Sus acusadores se quitaron las túnicas y las pusieron a los pies de un joven que se llamaba Saulo.*
59Mientras lo apedreaban, Esteban oró:

ESTEBAN

«Señor Jesús, recibe mi espíritu».

60Cayó de rodillas gritando:

ESTEBAN

«¡Señor, no los culpes por este pecado!».

Dicho eso, murió.
81Saulo fue uno de los testigos y estuvo totalmente de acuerdo con el asesinato de Esteban.
Ese día comenzó una gran ola de persecución que se extendió por toda la iglesia de Jerusalén; y todos los creyentes excepto los apóstoles fueron dispersados por las regiones de Judea y Samaria. 2(Con profundo dolor, unos hombres consagrados enterraron a Esteban). 3Y Saulo iba por todas partes con la intención de acabar con la iglesia. Iba de casa en casa y sacaba a rastras tanto a hombres como a mujeres y los metía en la cárcel.
4Así que los creyentes que se esparcieron predicaban la Buena Noticia acerca de Jesús adondequiera que iban.

5:16 En griego impuros.
5:21 En griego al Sanedrín; similar en 5:27, 41.
5:30 En griego en un madero.
5:41 En griego por el nombre.
6:1 En griego discípulos; también en 6:2, 7.
6:12 En griego el Sanedrín; similar en 6:15.
6:14 O Jesús nazareno.
7:2 Mesopotamia era la región que ahora se conoce como Irak. Harán era una ciudad en lo que ahora se conoce como Siria.
7:3 Gn 12:1.
7:5-7 Gn 12:7; 15:13-14; Ex 3:12.
7:13 Otros manuscritos dicen José fue reconocido por sus hermanos.
7:31-34 Ex 3:5-10.
7:37 Dt 18:15.
7:38 Algunos manuscritos dicen a ustedes.
7:42-43 Am 5:25-27 (versión griega).
7:44 En griego la carpa del testimonio.
7:46 Algunos manuscritos dicen la casa de Jacob.
7:49-50 Is 66:1-2.
7:51 En griego incircuncisos.
7:54 En griego y crujían los dientes contra él.
7:58 Saulo es posteriormente llamado Pablo; ver 13:9.

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