El Segundo Viaje Misionero

Hechos 15:37-18:22

1537Bernabé estuvo de acuerdo y quería llevar con ellos a Juan Marcos; 38pero Pablo se opuso terminantemente ya que Juan Marcos los había abandonado en Panfilia y no había continuado con ellos en el trabajo. 39Su desacuerdo fue tan intenso que se separaron. Bernabé tomó a Juan Marcos consigo y navegó hacia Chipre. 40Pablo escogió a Silas y, al salir, los creyentes lo encomendaron al cuidado misericordioso del Señor. 41Luego viajó por toda Siria y Cilicia, fortaleciendo a las iglesias.
161Pablo fue primero a Derbe y luego a Listra, donde había un discípulo joven llamado Timoteo. Su madre era una creyente judía, pero su padre era griego. 2Los creyentes* de Listra e Iconio tenían un buen concepto de Timoteo, 3de modo que Pablo quiso que él los acompañara en el viaje. Por respeto a los judíos de la región, dispuso que Timoteo se circuncidara antes de salir, ya que todos sabían que su padre era griego. 4Luego fueron de ciudad en ciudad enseñando a los creyentes a que siguieran las decisiones tomadas por los apóstoles y los ancianos de Jerusalén. 5Así que las iglesias se fortalecían en su fe y el número de creyentes crecía cada día.
6Luego, Pablo y Silas viajaron por la región de Frigia y Galacia, porque el Espíritu Santo les había impedido que predicaran la palabra en la provincia de Asia en ese tiempo. 7Luego, al llegar a los límites con Misia, se dirigieron al norte, hacia la provincia de Bitinia,* pero de nuevo el Espíritu de Jesús no les permitió ir allí. 8Así que siguieron su viaje por Misia hasta el puerto de Troas.
9Esa noche Pablo tuvo una visión. Puesto de pie, un hombre de Macedonia —al norte de Grecia— le rogaba:

UN HOMBRE DE MACEDONIA

«¡Ven aquí a Macedonia y ayúdanos!».

10Entonces decidimos* salir de inmediato hacia Macedonia, después de haber llegado a la conclusión de que Dios nos llamaba a predicar la Buena Noticia allí.
11Subimos a bordo de un barco en Troas, navegamos directo a la isla de Samotracia y, al día siguiente, desembarcamos en Neápolis. 12De allí llegamos a Filipos, una ciudad principal de ese distrito de Macedonia y una colonia romana. Y nos quedamos allí varios días.
13El día de descanso nos alejamos un poco de la ciudad y fuimos a la orilla de un río, donde pensamos que la gente se reuniría para orar, y nos sentamos a hablar con unas mujeres que se habían congregado allí. 14Una de ellas era Lidia, de la ciudad de Tiatira, una comerciante de tela púrpura muy costosa, quien adoraba a Dios. Mientras nos escuchaba, el Señor abrió su corazón y aceptó lo que Pablo decía. 15Ella y los de su casa fueron bautizados, y nos invitó a que fuéramos sus huéspedes.

LIDIA

«Si ustedes reconocen que soy una verdadera creyente en el Señor

—dijo ella—,

LIDIA

vengan a quedarse en mi casa».

Y nos insistió hasta que aceptamos.
16Cierto día, cuando íbamos al lugar de oración, nos encontramos con una joven esclava que tenía un espíritu que le permitía adivinar el futuro. Por medio de la adivinación, ganaba mucho dinero para sus amos. 17Ella seguía a Pablo y también al resto de nosotros, gritando:

UNA JOVEN ESCLAVA

«Estos hombres son siervos del Dios Altísimo y han venido para decirles cómo ser salvos».

18Esto mismo sucedió día tras día hasta que Pablo se exasperó de tal manera que se dio la vuelta y le dijo al demonio que estaba dentro de la joven:

PABLO

«Te ordeno, en el nombre de Jesucristo, que salgas de ella».

Y al instante el demonio la dejó.
19Las esperanzas de sus amos de hacerse ricos ahora quedaron destruidas, así que agarraron a Pablo y a Silas y los arrastraron hasta la plaza del mercado ante las autoridades.

LOS AMOS DE LA JOVEN ESCLAVA

20«¡Toda la ciudad está alborotada a causa de estos judíos!

—les gritaron a los funcionarios de la ciudad—.

LOS AMOS DE LA JOVEN ESCLAVA

21Enseñan costumbres que nosotros, los romanos, no podemos practicar porque son ilegales».

22Enseguida se formó una turba contra Pablo y Silas, y los funcionarios de la ciudad ordenaron que les quitaran la ropa y los golpearan con varas de madera. 23Los golpearon severamente y después los metieron en la cárcel. Le ordenaron al carcelero que se asegurara de que no escaparan. 24Así que el carcelero los puso en el calabozo de más adentro y les sujetó los pies en el cepo.
25Alrededor de la medianoche, Pablo y Silas estaban orando y cantando himnos a Dios, y los demás prisioneros escuchaban. 26De repente, hubo un gran terremoto y la cárcel se sacudió hasta sus cimientos. Al instante, todas las puertas se abrieron de golpe, ¡y a todos los prisioneros se les cayeron las cadenas! 27El carcelero se despertó y vio las puertas abiertas de par en par. Dio por sentado que los prisioneros se habían escapado, por lo que sacó su espada para matarse; 28pero Pablo le gritó:

PABLO

«¡Detente! ¡No te mates! ¡Estamos todos aquí!».

29El carcelero pidió una luz y corrió al calabozo y cayó temblando ante Pablo y Silas. 30Después los sacó y les preguntó:

EL CARCELERO DE FILIPOS

—Señores, ¿qué debo hacer para ser salvo?

31Ellos le contestaron:

PABLO & SILAS

—Cree en el Señor Jesús y serás salvo, junto con todos los de tu casa.

32Y le presentaron la palabra del Señor tanto a él como a todos los que vivían en su casa. 33Aun a esa hora de la noche, el carcelero los atendió y les lavó las heridas. Enseguida ellos lo bautizaron a él y a todos los de su casa. 34El carcelero los llevó adentro de su casa y les dio de comer, y tanto él como los de su casa se alegraron porque todos habían creído en Dios.
35A la mañana siguiente, los funcionarios de la ciudad mandaron a la policía para que le dijera al carcelero:

LOS OFICIALES DE FILIPOS

«¡Suelta a esos hombres!».

36Entonces el carcelero le dijo a Pablo:

EL CARCELERO DE FILIPOS

—Los funcionarios de la ciudad han dicho que tú y Silas quedan en libertad. Vayan en paz.

37Pero Pablo respondió:

PABLO

—Ellos nos golpearon en público sin llevarnos a juicio y nos metieron en la cárcel, y nosotros somos ciudadanos romanos. ¿Ahora quieren que nos vayamos a escondidas? ¡De ninguna manera! ¡Que vengan ellos mismos a ponernos en libertad!

38Cuando la policía dio su informe, los funcionarios de la ciudad se alarmaron al enterarse de que Pablo y Silas eran ciudadanos romanos. 39Entonces fueron a la cárcel y se disculparon con ellos. Luego los sacaron de allí y les suplicaron que se fueran de la ciudad. 40Una vez que salieron de la cárcel, Pablo y Silas regresaron a la casa de Lidia. Allí se reunieron con los creyentes y los animaron una vez más. Después se fueron de la ciudad.
171Más tarde, Pablo y Silas pasaron por las ciudades de Anfípolis y Apolonia y llegaron a Tesalónica donde había una sinagoga judía. 2Como era su costumbre, Pablo fue al servicio de la sinagoga y, durante tres días de descanso seguidos, usó las Escrituras para razonar con la gente. 3Explicó las profecías y demostró que el Mesías tenía que sufrir y resucitar de los muertos. Decía:

PABLO

«Este Jesús, de quien les hablo, es el Mesías».

4Algunos judíos que escuchaban fueron persuadidos y se unieron a Pablo y Silas, junto con muchos hombres griegos temerosos de Dios y un gran número de mujeres prominentes.*
5Entonces ciertos judíos tuvieron envidia y reunieron a unos alborotadores de la plaza del mercado para que formaran una turba e iniciaran un disturbio. Atacaron la casa de Jasón en busca de Pablo y Silas a fin de sacarlos a rastras y entregarlos a la multitud.* 6Como no los encontraron allí, en su lugar sacaron arrastrando a Jasón y a algunos de los otros creyentes* y los llevaron al concejo de la ciudad.

LOS JUDÍOS DE TESALÓNICA

«Pablo y Silas han causado problemas por todo el mundo

—gritaban—,

LOS JUDÍOS DE TESALÓNICA

y ahora están aquí perturbando también nuestra ciudad. 7Y Jasón los ha recibido en su casa. Todos ellos son culpables de traición contra el César porque profesan lealtad a otro rey, llamado Jesús».

8La gente de la ciudad y también los del concejo de la ciudad quedaron totalmente confundidos por esas palabras. 9Así que los funcionarios obligaron a Jasón y a los otros creyentes a pagar una fianza y luego los soltaron.
10Esa misma noche, los creyentes enviaron a Pablo y a Silas a Berea. Cuando llegaron allí, fueron a la sinagoga judía. 11Los de Berea tenían una mentalidad más abierta que los de Tesalónica y escucharon con entusiasmo el mensaje de Pablo. Día tras día examinaban las Escrituras para ver si Pablo y Silas enseñaban la verdad. 12Como resultado, muchos judíos creyeron, como también lo hicieron muchos griegos prominentes, tanto hombres como mujeres.
13Cuando unos judíos de Tesalónica se enteraron de que Pablo predicaba la palabra de Dios en Berea, fueron allá y armaron un alboroto. 14Los creyentes enseguida tomaron medidas y enviaron a Pablo a la costa, mientras que Silas y Timoteo permanecieron allí. 15Los que acompañaban a Pablo fueron con él hasta Atenas; luego regresaron a Berea con instrucciones para Silas y Timoteo de que se apresuraran a unirse a él.
16Mientras Pablo los esperaba en Atenas, se indignó profundamente al ver la gran cantidad de ídolos que había por toda la ciudad. 17Iba a la sinagoga para razonar con los judíos y con los gentiles* temerosos de Dios y hablaba a diario en la plaza pública con todos los que estuvieran allí.
18También debatió con algunos filósofos epicúreos y estoicos. Cuando les habló acerca de Jesús y de su resurrección, ellos dijeron:

LOS FILÓSOFOS DE ATENAS

«¿Qué trata de decir este charlatán con esas ideas raras?».

Otros decían:

LOS FILÓSOFOS DE ATENAS

«Parece que predica de unos dioses extranjeros».

19Entonces lo llevaron al Concilio Supremo de la ciudad.*

LOS FILÓSOFOS DE ATENAS

«Ven y háblanos sobre esta nueva enseñanza

—dijeron—.

LOS FILÓSOFOS DE ATENAS

20Dices cosas bastante extrañas y queremos saber de qué se trata».

21(Cabe explicar que todos los atenienses, al igual que los extranjeros que están en Atenas, al parecer pasan todo el tiempo discutiendo las ideas más recientes).
22Entonces Pablo, de pie ante el Concilio,* les dirigió las siguientes palabras:

PABLO

«Hombres de Atenas, veo que ustedes son muy religiosos en todo sentido, 23porque mientras caminaba observé la gran cantidad de lugares sagrados. Y uno de sus altares tenía la siguiente inscripción: “A un Dios Desconocido”. Este Dios, a quien ustedes rinden culto sin conocer, es de quien yo les hablo.
24»Él es el Dios que hizo el mundo y todo lo que hay en él. Ya que es el Señor del cielo y de la tierra, no vive en templos hechos por hombres, 25y las manos humanas no pueden servirlo, porque él no tiene ninguna necesidad. Él es quien da vida y aliento a todo y satisface cada necesidad. 26De un solo hombre* creó todas las naciones de toda la tierra. De antemano decidió cuándo se levantarían y cuándo caerían, y determinó los límites de cada una.
27»Su propósito era que las naciones buscaran a Dios y, quizá acercándose a tientas, lo encontraran; aunque él no está lejos de ninguno de nosotros. 28Pues en él vivimos, nos movemos y existimos. Como dijeron algunos de sus* propios poetas: “Nosotros somos su descendencia”. 29Y, como esto es cierto, no debemos pensar en Dios como un ídolo diseñado por artesanos y hecho de oro, plata o piedra.
30»En la antigüedad Dios pasó por alto la ignorancia de la gente acerca de estas cosas, pero ahora él manda que todo el mundo en todas partes se arrepienta de sus pecados y vuelva a él. 31Pues él ha fijado un día para juzgar al mundo con justicia por el hombre que él ha designado, y les demostró a todos quién es ese hombre al levantarlo de los muertos».

32Cuando oyeron a Pablo hablar acerca de la resurrección de los muertos, algunos se rieron con desprecio, pero otros dijeron:

LOS FILÓSOFOS DE ATENAS

«Queremos oír más sobre este tema más tarde».

33Con esto terminó el diálogo de Pablo con ellos, 34pero algunos se unieron a él y se convirtieron en creyentes. Entre ellos estaban Dionisio —un miembro del Concilio*—, una mujer llamada Dámaris y varios más.
181Después Pablo salió de Atenas y fue a Corinto.* 2Allí conoció a un judío llamado Aquila, nacido en la región del Ponto, quien estaba recién llegado de Italia junto con su esposa, Priscila. Habían salido de Italia cuando Claudio César deportó de Roma a todos los judíos. 3Pablo se quedó a vivir y a trabajar con ellos, porque eran fabricantes de carpas* al igual que él.
4Cada día de descanso, Pablo se encontraba en la sinagoga tratando de persuadir tanto a judíos como a griegos. 5Después de que Silas y Timoteo llegaron de Macedonia, Pablo pasó todo el tiempo predicando la palabra. Testificaba a los judíos que Jesús era el Mesías; 6pero cuando ellos se opusieron y lo insultaron, Pablo se sacudió el polvo de su ropa y dijo:

PABLO

«La sangre de ustedes está sobre sus propias cabezas; yo soy inocente. De ahora en adelante iré a predicar a los gentiles*».

7Entonces salió de allí y fue a la casa de Ticio Justo, un gentil que adoraba a Dios y que vivía al lado de la sinagoga. 8Crispo, el líder de la sinagoga, y todos los de su casa creyeron en el Señor. Muchos otros en Corinto también escucharon a Pablo, se convirtieron en creyentes y fueron bautizados.
9Una noche, el Señor le habló a Pablo en una visión y le dijo:

DIOS

«¡No tengas miedo! ¡Habla con libertad! ¡No te quedes callado! 10Pues yo estoy contigo, y nadie te atacará ni te hará daño, porque mucha gente de esta ciudad me pertenece».

11Así que Pablo se quedó allí un año y medio enseñando la palabra de Dios.
12Cuando Galión llegó a ser gobernador de Acaya, unos judíos se levantaron contra Pablo y lo llevaron ante el gobernador para juzgarlo. 13Acusaron a Pablo de

LOS JUDÍOS DE CORINTO

«persuadir a la gente a adorar a Dios en formas contrarias a nuestra ley».

14Pero justo cuando Pablo comenzó a defenderse, Galión se dirigió a los acusadores de Pablo y dijo:

EL GOBERNADOR GALIÓN

«Escuchen, ustedes judíos, si aquí hubiera alguna fechoría o un delito grave, yo tendría una razón para aceptar el caso; 15pero dado que es solo un asunto de palabras y nombres, y de su ley judía, resuélvanlo ustedes mismos. Me niego a juzgar tales asuntos».

16Así que los expulsó de la corte.
17Entonces la multitud agarró a Sóstenes, el líder de la sinagoga, y lo golpeó* allí mismo en la corte; pero Galión no le dio a eso ninguna importancia.
18Después Pablo se quedó en Corinto un tiempo más, luego se despidió de los hermanos y fue a Cencrea, que quedaba cerca. Allí se rapó la cabeza según la costumbre judía en señal de haber cumplido un voto. Después se embarcó hacia Siria y llevó a Priscila y a Aquila con él.
19Primero se detuvieron en el puerto de Éfeso, donde Pablo dejó a los demás. Mientras estuvo en Éfeso, fue a la sinagoga para razonar con los judíos. 20Le pidieron que se quedara más tiempo, pero él se negó. 21Al irse, sin embargo, dijo:

PABLO

«Si Dios quiere, regresaré»*.

Entonces zarpó de Éfeso. 22La siguiente parada fue en el puerto de Cesarea. De allí subió y visitó a la iglesia de Jerusalén,* y luego regresó a Antioquía.

16:2 En griego hermanos; también en 16:40.
16:6-7 Frigia, Galacia, Asia, Misia y Bitinia eran distritos en lo que ahora es Turquía.
16:10 Lucas, el escritor de este libro, aquí se unió a Pablo y lo acompañó en su viaje.
17:4 Algunos manuscritos dicen un gran número de las esposas de hombres prominentes.
17:5 O al concejo municipal.
17:6 En griego hermanos; también en 17:10, 14.
17:17 Gentil[es], que no es judío.
17:19 O a la sociedad de los filósofos más educados de la ciudad. En griego dice al Areópago.
17:22 Tradicionalmente se traduce de pie sobre el monte de Marte. En griego de pie en medio del Areópago.
17:26 En griego De uno; otros manuscritos dicen De una sangre.
17:28 Algunos manuscritos dicen nuestros.
17:34 En griego un areopagita.
18:1 Atenas y Corinto eran ciudades importantes de Acaya, la región sur de la península griega.
18:3 O eran curtidores de pieles.
18:6 Gentil[es], que no es judío.
18:17 En griego Entonces todos agarraron [...] y lo golpearon; otros manuscritos dicen Entonces todos los griegos agarraron [...] y lo golpearon.
18:21 Algunos manuscritos dicen «Debo estar sin falta en Jerusalén para el festival que se acerca, pero si Dios quiere, regresaré».
18:22 En griego la iglesia.

HAMBRE POR CONOCER MÁS A DIOS

  • Observa las acciones de Dios descritas en esta historia.
  • ¿Qué revelan acerca del carácter de Dios?
  • ¿Haz experimentado alguna vez esta dimensión del carácter de Dios en tu vida? Si es así, ¿cómo? Si no, ¿cómo podrías llegar a experimentarlo?
  • ¿Qué puedes hacer hoy para crecer en tu deseo de conocer y experimentar a Dios de una manera más íntima?
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