El Tercer Viaje Misionero

Hechos 18:23-21:16

1823Después de pasar un tiempo en Antioquía, Pablo regresó por Galacia y Frigia, donde visitó y fortaleció a todos los creyentes.*
24Mientras tanto, un judío llamado Apolos —un orador elocuente que conocía bien las Escrituras— llegó a Éfeso desde la ciudad de Alejandría, en Egipto. 25Había recibido enseñanza en el camino del Señor y les enseñó a otros acerca de Jesús con espíritu entusiasta* y con precisión. Sin embargo, él solo sabía acerca del bautismo de Juan. 26Cuando Priscila y Aquila lo escucharon predicar con valentía en la sinagoga, lo llevaron aparte y le explicaron el camino de Dios con aún más precisión.
27Apolos pensaba ir a Acaya, y los hermanos de Éfeso lo animaron para que fuera. Les escribieron a los creyentes de Acaya para pedirles que lo recibieran. Cuando Apolos llegó, resultó ser de gran beneficio para los que, por la gracia de Dios, habían creído. 28Refutaba a los judíos en debates públicos con argumentos poderosos. Usando las Escrituras, les explicaba que Jesús es el Mesías.
191Mientras Apolos estaba en Corinto, Pablo viajó por las regiones del interior hasta que llegó a Éfeso, en la costa, donde encontró a varios creyentes.*

PABLO

2—¿Recibieron el Espíritu Santo cuando creyeron?

—les preguntó.

LOS CREYENTES DE ÉFESO

—No

—contestaron—,

LOS CREYENTES DE ÉFESO

ni siquiera hemos oído que hay un Espíritu Santo.

PABLO

3—Entonces, ¿qué bautismo recibieron?

—preguntó.
Y ellos contestaron:

LOS CREYENTES DE ÉFESO

—El bautismo de Juan.

4Pablo dijo:

PABLO

—El bautismo de Juan exigía arrepentirse del pecado; pero Juan mismo le dijo a la gente que creyera en el que vendría después, es decir, en Jesús.

5En cuanto oyeron esto, fueron bautizados en el nombre del Señor Jesús. 6Después, cuando Pablo les impuso las manos, el Espíritu Santo descendió sobre ellos, y hablaron en otras lenguas* y profetizaron. 7Había unos doce hombres en total.
8Luego Pablo fue a la sinagoga y predicó con valentía durante los siguientes tres meses, discutiendo persuasivamente sobre el reino de Dios; 9pero algunos se pusieron tercos, rechazaron el mensaje y hablaron públicamente en contra del Camino. Así que Pablo salió de la sinagoga y se llevó a los creyentes con él. Entonces asistía diariamente a la sala de conferencias de Tirano, donde exponía sus ideas y debatía. 10Esto continuó los siguientes dos años, de modo que gente de toda la provincia de Asia —tanto judíos como griegos— oyó la palabra del Señor.
11Dios le dio a Pablo el poder para realizar milagros excepcionales. 12Cuando ponían sobre los enfermos pañuelos o delantales que apenas habían tocado la piel de Pablo, quedaban sanos de sus enfermedades y los espíritus malignos salían de ellos.
13Un grupo de judíos viajaba de ciudad en ciudad expulsando espíritus malignos. Trataban de usar el nombre del Señor Jesús en sus conjuros y decían:

SIETE DE LOS HIJOS DE ESCEVA

«¡Te ordeno en el nombre de Jesús, de quien Pablo predica, que salgas!».

14Siete de los hijos de Esceva, un sacerdote principal, hacían esto. 15En una ocasión que lo intentaron, el espíritu maligno respondió:

UN DEMONIO

«Conozco a Jesús y conozco a Pablo, ¿pero quiénes son ustedes?».

16Entonces el hombre con el espíritu maligno se lanzó sobre ellos, logró dominarlos y los atacó con tal violencia que ellos huyeron de la casa, desnudos y golpeados.
17Esta historia corrió velozmente por toda Éfeso, entre judíos y griegos por igual. Un temor solemne descendió sobre la ciudad, y el nombre del Señor Jesús fue honrado en gran manera. 18Muchos de los que llegaron a ser creyentes confesaron sus prácticas pecaminosas. 19Varios de ellos, que practicaban la hechicería, trajeron sus libros de conjuros y los quemaron en una hoguera pública. El valor total de los libros fue de cincuenta mil monedas de plata.* 20Y el mensaje acerca del Señor se extendió por muchas partes y tuvo un poderoso efecto.
21Tiempo después Pablo se vio obligado por el Espíritu* a pasar por Macedonia y Acaya antes de ir a Jerusalén.

PABLO

«Y, después de eso

—dijo—,

PABLO

¡tengo que ir a Roma!».

22Envió a sus dos asistentes, Timoteo y Erasto, a que se adelantaran a Macedonia mientras que él se quedó un poco más de tiempo en la provincia de Asia.
23Por ese tiempo, se generó un grave problema en Éfeso con respecto al Camino. 24Comenzó con Demetrio, un platero que tenía un importante negocio de fabricación de templos de plata en miniatura de la diosa griega Artemisa.* Él les daba trabajo a muchos artesanos. 25Los reunió a todos, junto con otros que trabajaban en oficios similares y les dirigió las siguientes palabras:

DEMETRIO DE ÉFESO

«Caballeros, ustedes saben que nuestra riqueza proviene de este negocio. 26Pero, como han visto y oído, este tal Pablo ha convencido a mucha gente al decirles que los dioses hechos a mano no son realmente dioses; y no solo lo ha hecho en Éfeso, ¡sino por toda la provincia! 27Por supuesto que no solo hablo de la pérdida del respeto público para nuestro negocio. También me preocupa que el templo de la gran diosa Artemisa pierda su influencia y que a Artemisa —esta magnífica diosa adorada en toda la provincia de Asia y en todo el mundo— ¡se le despoje de su gran prestigio!».

28Al oír esto, montaron en cólera y comenzaron a gritar:

LOS ARTESANOS DE ÉFESO

«¡Grande es Artemisa de los efesios!».

29Pronto toda la ciudad se llenó de confusión. Todos corrieron al anfiteatro, arrastrando a Gayo y Aristarco, los compañeros de viaje de Pablo, que eran macedonios. 30Pablo también quiso entrar, pero los creyentes no lo dejaron. 31Algunos de los funcionarios de la provincia, amigos de Pablo, también le enviaron un mensaje para suplicarle que no arriesgara su vida por entrar en el anfiteatro.
32Adentro era un griterío; algunos gritaban una cosa, y otros otra. Todo era confusión. De hecho, la mayoría ni siquiera sabía por qué estaba allí. 33Los judíos de la multitud empujaron a Alejandro hacia adelante y le dijeron que explicara la situación. Él hizo señas para pedir silencio e intentó hablar; 34pero cuando la multitud se dio cuenta de que era judío, empezaron a gritar de nuevo y siguieron sin parar como por dos horas:

LA GENTE DE ÉFESO

«¡Grande es Artemisa de los efesios! ¡Grande es Artemisa de los efesios!».

35Por fin, el alcalde logró callarlos lo suficiente para poder hablar.

EL ALCALDE DE ÉFESO

«Ciudadanos de Éfeso

—les dijo—,

EL ALCALDE DE ÉFESO

todos saben que la ciudad de Éfeso es la guardiana oficial del templo de la gran Artemisa, cuya imagen nos cayó del cielo. 36Dado que esto es un hecho innegable, no deberían perder la calma ni hacer algo precipitado. 37Ustedes han traído a estos hombres aquí, pero ellos no han robado nada del templo ni tampoco han hablado en contra de nuestra diosa.
38»Si Demetrio y los artesanos tienen algún caso contra ellos, las cortes están en sesión y los funcionarios pueden escuchar el caso de inmediato. Dejen que ellos presenten cargos formales; 39y si hubiera quejas sobre otros asuntos, podrían resolverse en una asamblea legal. 40Me temo que corremos peligro de que el gobierno romano nos acuse de generar disturbios, ya que no hay razón para todo este alboroto; y si Roma exige una explicación, no sabremos qué decir».

41*Entonces los despidió y ellos se dispersaron.
201Cuando se acabó el alboroto, Pablo mandó llamar a los creyentes* y los alentó. Después se despidió y viajó a Macedonia. 2Mientras estuvo allí, animó a los creyentes en cada pueblo que atravesó. Luego descendió a Grecia, 3donde se quedó tres meses. Se preparaba para regresar en barco a Siria cuando descubrió que unos judíos tramaban una conspiración contra su vida; entonces decidió regresar por Macedonia.
4Varios hombres viajaban con él. Sus nombres eran Sópater, hijo de Pirro, de Berea; Aristarco y Segundo, de Tesalónica; Gayo, de Derbe; Timoteo; también Tíquico y Trófimo, de la provincia de Asia. 5Ellos se adelantaron y nos esperaron en Troas. 6Finalizada la Pascua,*subimos a un barco en Filipos de Macedonia y, cinco días después, nos reencontramos con ellos en Troas, donde nos quedamos una semana.
7El primer día de la semana, nos reunimos con los creyentes locales para participar de la Cena del Señor.* Pablo les estaba predicando y, como iba a viajar el día siguiente, siguió hablando hasta la medianoche. 8El cuarto de la planta alta, donde nos reuníamos, estaba iluminado con muchas lámparas que titilaban. 9Como Pablo hablaba y hablaba, a un joven llamado Eutico, que estaba sentado en el borde de la ventana, le dio mucho sueño. Finalmente se quedó profundamente dormido y se cayó desde el tercer piso y murió. 10Pablo bajó, se inclinó sobre él y lo tomó en sus brazos.

PABLO

«No se preocupen

—les dijo—,

PABLO

¡está vivo!».

11Entonces todos regresaron al cuarto de arriba, participaron de la Cena del Señor* y comieron juntos. Pablo siguió hablándoles hasta el amanecer y luego se fue. 12Mientras tanto, llevaron al joven a su casa vivo y sano, y todos sintieron un gran alivio.
13Pablo viajó por tierra hasta Asón, donde había arreglado que nos encontráramos con él, y nosotros viajamos por barco. 14Allí él se unió a nosotros, y juntos navegamos a Mitilene. 15Al otro día, navegamos frente a la isla de Quío. Al día siguiente, cruzamos hasta la isla de Samos y,* un día después, llegamos a Mileto.
16Pablo había decidido navegar sin detenerse en Éfeso porque no quería pasar más tiempo en la provincia de Asia. Se apresuraba a llegar a Jerusalén, de ser posible, para el Festival de Pentecostés. 17Cuando llegamos a Mileto, Pablo envió un mensaje a los ancianos de la iglesia de Éfeso para pedirles que vinieran a su encuentro.
18Cuando llegaron, Pablo declaró:

PABLO

«Ustedes saben que desde el día que pisé la provincia de Asia hasta ahora, 19he hecho el trabajo del Señor con humildad y con muchas lágrimas. He soportado las pruebas que me vinieron como consecuencia de las conspiraciones de los judíos. 20Nunca me eché para atrás a la hora de decirles lo que necesitaban oír, ya fuera en público o en sus casas. 21He tenido un solo mensaje para los judíos y los griegos por igual: la necesidad de arrepentirse del pecado, de volver a Dios y de tener fe en nuestro Señor Jesús.
22»Ahora estoy obligado por el Espíritu* a ir a Jerusalén. No sé lo que me espera allí, 23solo que el Espíritu Santo me dice que en ciudad tras ciudad, me esperan cárcel y sufrimiento; 24pero mi vida no vale nada para mí a menos que la use para terminar la tarea que me asignó el Señor Jesús, la tarea de contarles a otros la Buena Noticia acerca de la maravillosa gracia de Dios.
25»Y ahora sé que ninguno de ustedes, a quienes les he predicado del reino, volverá a verme. 26Declaro hoy que he sido fiel. Si alguien sufre la muerte eterna, no será mi culpa,* 27porque no me eché para atrás a la hora de declarar todo lo que Dios quiere que ustedes sepan.
28»Entonces cuídense a sí mismos y cuiden al pueblo de Dios. Alimenten y pastoreen al rebaño de Dios —su iglesia, comprada con su propia sangre*— sobre quien el Espíritu Santo los ha designado ancianos.* 29Sé que, después de mi salida, vendrán en medio de ustedes falsos maestros como lobos rapaces y no perdonarán al rebaño. 30Incluso algunos hombres de su propio grupo se levantarán y distorsionarán la verdad para poder juntar seguidores. 31¡Cuidado! Recuerden los tres años que pasé con ustedes —de día y de noche mi constante atención y cuidado— así como mis muchas lágrimas por cada uno de ustedes.
32»Y ahora los encomiendo a Dios y al mensaje de su gracia, que tiene poder para edificarlos y darles una herencia junto con todos los que él ha consagrado para sí mismo.
33»Yo nunca he codiciado la plata ni el oro ni la ropa de nadie. 34Ustedes saben que mis dos manos han trabajado para satisfacer mis propias necesidades e incluso las necesidades de los que estuvieron conmigo. 35Y he sido un ejemplo constante de cómo pueden ayudar con trabajo y esfuerzo a los que están en necesidad. Deben recordar las palabras del Señor Jesús: “Hay más bendición en dar que en recibir”».

36Cuando Pablo terminó de hablar, se arrodilló y oró con ellos. 37Todos lloraban mientras lo abrazaban y le daban besos de despedida. 38Estaban tristes principalmente porque les había dicho que nunca más volverían a verlo. Luego lo acompañaron hasta el barco.
211Después de despedirnos de los ancianos de Éfeso, navegamos directamente a la isla de Cos. Al día siguiente, llegamos a Rodas y luego fuimos a Pátara. 2Allí abordamos un barco que iba a Fenicia. 3Divisamos la isla de Chipre, la pasamos por nuestra izquierda y llegamos al puerto de Tiro, en Siria, donde el barco tenía que descargar.
4Desembarcamos, encontramos a los creyentes* del lugar y nos quedamos con ellos una semana. Estos creyentes profetizaron por medio del Espíritu Santo, que Pablo no debía seguir a Jerusalén. 5Cuando regresamos al barco al final de esa semana, toda la congregación, incluidos las mujeres* y los niños, salieron de la ciudad y nos acompañaron a la orilla del mar. Allí nos arrodillamos, oramos 6y nos despedimos. Luego abordamos el barco y ellos volvieron a casa.
7Después de dejar Tiro, la siguiente parada fue Tolemaida, donde saludamos a los hermanos y nos quedamos un día. 8Al día siguiente, continuamos hasta Cesarea y nos quedamos en la casa de Felipe el evangelista, uno de los siete hombres que habían sido elegidos para distribuir los alimentos. 9Tenía cuatro hijas solteras, que habían recibido el don de profecía.
10Varios días después, llegó de Judea un hombre llamado Ágabo, quien también tenía el don de profecía. 11Se acercó, tomó el cinturón de Pablo y se ató los pies y las manos. Luego dijo:

ÁGABO EL PROFETA

«El Espíritu Santo declara: “De esta forma será atado el dueño de este cinturón por los líderes judíos en Jerusalén y entregado a los gentiles*”».

12Cuando lo oímos, tanto nosotros como los creyentes del lugar le suplicamos a Pablo que no fuera a Jerusalén.
13Pero él dijo:

PABLO

«¿Por qué todo este llanto? ¡Me parten el corazón! Yo estoy dispuesto no solo a ser encarcelado en Jerusalén, sino incluso a morir por el Señor Jesús».

14Al ver que era imposible convencerlo, nos dimos por vencidos y dijimos:

LOS CREYENTES DE CESAREA

«Que se haga la voluntad del Señor».

15Después de esto, empacamos nuestras cosas y salimos hacia Jerusalén. 16Algunos creyentes de Cesarea nos acompañaron y nos llevaron a la casa de Mnasón, un hombre originario de Chipre y uno de los primeros creyentes.

18:23 En griego discípulos; también en 18:27.
18:25 O con entusiasmo en el Espíritu.
19:1 En griego discípulos; también en 19:9, 30.
19:6 O en otros idiomas.
19:19 En griego 50.000 piezas de plata; cada pieza equivalía al salario de una jornada de trabajo.
19:21 O Pablo decidió en su espíritu.
19:24 Artemisa también es conocida como Diana.
19:41 Algunas traducciones incluyen el versículo 41 como parte del versículo 40.
20:1 En griego discípulos.
20:6 En griego los días de los panes sin levadura.
20:7 En griego para partir el pan.
20:11 En griego partieron el pan.
20:15 Algunos manuscritos dicen y, habiéndonos quedado en Trogilio.
20:22 O por mi espíritu, o por una convicción interna; en griego dice por el espíritu.
20:26 En griego Soy inocente de la sangre de todos.
20:28a O con la sangre de su propio [Hijo].
20:28b En griego supervisores.
21:4 En griego discípulos; también en 21:16.
21:5 O esposas.
21:11 Gentil[es], que no es judío.

ABRIENDO LA BIBLIA

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  • ¿Qué verdades puedes adquirir/adquieres en referencia a hombres y mujeres?
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