El Arresto de Pablo en Jerusalén

Hechos 21:17-23:11

2117Cuando llegamos, los hermanos de Jerusalén nos dieron una calurosa bienvenida.
18Al día siguiente, Pablo fue con nosotros para encontrarnos con Santiago, y todos los ancianos de la iglesia de Jerusalén estaban presentes. 19Después de saludarlos, Pablo dio un informe detallado de las cosas que Dios había realizado entre los gentiles mediante su ministerio.
20Después de oírlo, alabaron a Dios. Luego dijeron:

SANTIAGO HERMANO DE JESÚS & LOS ANCIANOS DE LA IGLESIA

«Tú sabes, querido hermano, cuántos miles de judíos también han creído, y todos ellos siguen muy en serio la ley de Moisés; 21pero se les ha dicho a los creyentes judíos de aquí, de Jerusalén, que tú enseñas a todos los judíos que viven entre los gentiles que abandonen la ley de Moisés. Ellos han oído que les enseñas que no circunciden a sus hijos ni que practiquen otras costumbres judías. 22¿Qué debemos hacer? Seguramente se van a enterar de tu llegada.
23»Queremos que hagas lo siguiente: hay entre nosotros cuatro hombres que han cumplido su voto; 24acompáñalos al templo y participa con ellos en la ceremonia de purificación, y paga tú los gastos para que se rapen la cabeza según el ritual judío. Entonces todos sabrán que los rumores son falsos y que tú mismo cumples las leyes judías.
25»En cuanto a los creyentes gentiles, ellos deben hacer lo que ya les dijimos en una carta: abstenerse de comer alimentos ofrecidos a ídolos, de consumir sangre o la carne de animales estrangulados, y de la inmoralidad sexual».

26Así que, al día siguiente, Pablo fue al templo con los otros hombres. Ya comenzado el ritual de purificación, anunció públicamente la fecha en que se cumpliría el tiempo de los votos y se ofrecerían sacrificios por cada uno de los hombres.
27Cuando estaban por cumplirse los siete días del voto, unos judíos de la provincia de Asia vieron a Pablo en el templo e incitaron a una turba en su contra. Lo agarraron 28mientras gritaban:

LOS JUDÍOS DE ASIA

«¡Hombres de Israel, ayúdennos! Este es el hombre que predica en contra de nuestro pueblo en todas partes y les dice a todos que desobedezcan las leyes judías. Habla en contra del templo, ¡y hasta profana este lugar santo llevando gentiles* adentro!».

29(Pues más temprano ese mismo día lo habían visto en la ciudad con Trófimo, un gentil de Éfeso,* y supusieron que Pablo lo había llevado al templo).
30Toda la ciudad fue estremecida por estas acusaciones y se desencadenó un gran disturbio. Agarraron a Pablo y lo arrastraron fuera del templo e inmediatamente cerraron las puertas detrás de él. 31Cuando estaban a punto de matarlo, le llegó al comandante del regimiento romano la noticia de que toda Jerusalén estaba alborotada. 32De inmediato el comandante llamó a sus soldados y oficiales* y corrió entre la multitud. Cuando la turba vio que venían el comandante y las tropas, dejaron de golpear a Pablo.
33Luego el comandante lo arrestó y ordenó que lo sujetaran con dos cadenas. Le preguntó a la multitud quién era él y qué había hecho. 34Unos gritaban una cosa, y otros otra. Como no pudo averiguar la verdad entre todo el alboroto y la confusión, ordenó que llevaran a Pablo a la fortaleza. 35Cuando Pablo llegó a las escaleras, la turba se puso tan violenta que los soldados tuvieron que levantarlo sobre sus hombros para protegerlo. 36Y la multitud seguía gritando desde atrás:

UNA MULTITUD EN JERUSALÉN

«¡Mátenlo! ¡Mátenlo!».

37Cuando estaban por llevarlo adentro, Pablo le dijo al comandante:

PABLO

—¿Puedo hablar con usted?

CLAUDIO LISIAS

—¿¡Hablas griego!?

—le preguntó el comandante, sorprendido—.

CLAUDIO LISIAS

38¿No eres tú el egipcio que encabezó una rebelión hace un tiempo y llevó al desierto a cuatro mil miembros del grupo llamado “Los Asesinos”?

PABLO

39—No

—contestó Pablo—,

PABLO

soy judío y ciudadano de Tarso de Cilicia, que es una ciudad importante. Por favor, permítame hablar con esta gente.

40El comandante estuvo de acuerdo, entonces Pablo se puso de pie en las escaleras e hizo señas para pedir silencio. Pronto un gran silencio envolvió a la multitud, y Pablo se dirigió a la gente en su propia lengua, en arameo.*

PABLO

221«Hermanos y estimados padres

—dijo Pablo—,

PABLO

escuchen mientras presento mi defensa».

2Cuando lo oyeron hablar en el idioma de ellos,* el silencio fue aún mayor.
3Entonces Pablo dijo:

PABLO

«Soy judío, nacido en Tarso, una ciudad de Cilicia, y fui criado y educado aquí en Jerusalén bajo el maestro Gamaliel. Como estudiante de él, fui cuidadosamente entrenado en nuestras leyes y costumbres judías. Llegué a tener un gran celo por honrar a Dios en todo lo que hacía, tal como todos ustedes hoy. 4Perseguí a los seguidores del Camino, acosando a algunos hasta la muerte, y arresté tanto a hombres como a mujeres para arrojarlos en la cárcel. 5El sumo sacerdote y todo el consejo de ancianos pueden dar fe de que esto es cierto. Pues recibí cartas de ellos, dirigidas a nuestros hermanos judíos en Damasco, las cuales me autorizaban a encadenar a los seguidores del Camino de esa ciudad y traerlos a Jerusalén para que fueran castigados.
6»Cuando iba de camino, ya cerca de Damasco, como al mediodía, de repente una intensa luz del cielo brilló alrededor de mí. 7Caí al suelo y oí una voz que me decía: “Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues?”.
8»“¿Quién eres, señor?”, pregunté.
»Y la voz contestó: “Yo soy Jesús de Nazaret,* a quien tú persigues”. 9La gente que iba conmigo vio la luz pero no entendió la voz que me hablaba.
10»Yo pregunté: “¿Qué debo hacer, Señor?”.
»Y el Señor me dijo: “Levántate y entra en Damasco, allí se te dirá todo lo que debes hacer”.
11»Quedé ciego por la intensa luz y mis compañeros tuvieron que llevarme de la mano hasta Damasco. 12Allí vivía un hombre llamado Ananías. Era un hombre recto, muy devoto de la ley y muy respetado por todos los judíos de Damasco. 13Él llegó y se puso a mi lado y me dijo: “Hermano Saulo, recobra la vista”. Y, en ese mismo instante, ¡pude verlo!
14»Después me dijo: “El Dios de nuestros antepasados te ha escogido para que conozcas su voluntad y para que veas al Justo y lo oigas hablar. 15Pues tú serás su testigo; les contarás a todos lo que has visto y oído. 16¿Qué esperas? Levántate y bautízate. Queda limpio de tus pecados al invocar el nombre del Señor”.
17»Después de regresar a Jerusalén y, mientras oraba en el templo, caí en un estado de éxtasis. 18Tuve una visión de Jesús,* quien me decía: “¡Date prisa! Sal de Jerusalén, porque la gente de aquí no aceptará tu testimonio acerca de mí”.
19»“Pero Señor —argumenté—, seguramente ellos saben que, en cada sinagoga, yo encarcelé y golpeé a los que creían en ti. 20Y estuve totalmente de acuerdo cuando mataron a tu testigo Esteban. Estuve allí cuidando los abrigos que se quitaron cuando lo apedrearon”.
21»Pero el Señor me dijo: “¡Ve, porque yo te enviaré lejos, a los gentiles*!”».

22La multitud escuchó hasta que Pablo dijo esta palabra. Entonces todos comenzaron a gritar:

UNA MULTITUD EN JERUSALÉN

«¡Llévense a ese tipo! ¡No es digno de vivir!».

23Gritaron, arrojaron sus abrigos y lanzaron puñados de polvo al aire.
24El comandante llevó a Pablo adentro y ordenó que lo azotaran con látigos para hacerlo confesar su delito. Quería averiguar por qué la multitud se había enfurecido. 25Cuando ataron a Pablo para azotarlo, Pablo le preguntó al oficial* que estaba allí:

PABLO

—¿Es legal que azoten a un ciudadano romano que todavía no ha sido juzgado?

26Cuando el oficial oyó esto, fue al comandante y le preguntó:

UN OFICIAL ROMANO

«¿Qué está haciendo? ¡Este hombre es un ciudadano romano!».

27Entonces el comandante se acercó a Pablo y le preguntó:

CLAUDIO LISIAS

—Dime, ¿eres ciudadano romano?

PABLO

—Sí, por supuesto que lo soy

—respondió Pablo.

CLAUDIO LISIAS

28—Yo también lo soy

—dijo el comandante entre dientes—,

CLAUDIO LISIAS

¡y me costó mucho dinero!

Pablo respondió:

PABLO

—¡Pero yo soy ciudadano de nacimiento!

29Los soldados que estaban a punto de interrogar a Pablo se retiraron velozmente cuando se enteraron de que era ciudadano romano, y el comandante quedó asustado porque había ordenado que lo amarraran y lo azotaran.
30Al día siguiente, el comandante ordenó que los sacerdotes principales se reunieran en sesión con el Concilio Supremo judío.* Quería averiguar de qué se trataba el problema, así que soltó a Pablo para presentarlo delante de ellos.
231Mirando fijamente al Concilio Supremo,* Pablo comenzó:

PABLO

«Hermanos, ¡siempre he vivido ante Dios con la conciencia limpia!».

2Al instante, Ananías, el sumo sacerdote, ordenó a los que estaban cerca de Pablo que lo golpearan en la boca. 3Pero Pablo le dijo:

PABLO

«¡Dios te golpeará a ti, hipócrita corrupto!* ¿Qué clase de juez eres si tú mismo infringes la ley al ordenar que me golpeen así?».

4Los que estaban cerca de Pablo, le dijeron:

LOS LÍDERES JUDÍOS

—¿Te atreves a insultar al sumo sacerdote de Dios?

PABLO

5—Lo siento, hermanos. No me había dado cuenta de que él es el sumo sacerdote

—contestó Pablo—, porque las Escrituras dicen: “No hables mal de ninguno de tus gobernantes”*.
6Pablo se dio cuenta de que algunos miembros del Concilio Supremo eran saduceos y que otros eran fariseos, por lo tanto, gritó:

PABLO

«Hermanos, ¡yo soy fariseo, al igual que mis antepasados! ¡Y estoy en juicio porque mi esperanza está en la resurrección de los muertos!».

7Esto dividió al Concilio —puso a los fariseos contra los saduceos—, 8porque los saduceos dicen que no hay resurrección, ni ángeles, ni espíritus, pero los fariseos sí creen en todo esto. 9Así que hubo un gran alboroto. Algunos de los maestros de la ley religiosa que eran fariseos se levantaron de un salto y comenzaron a discutir enérgicamente.

LOS FARISEOS

«Nosotros no encontramos nada malo en él

—gritaban—.

LOS FARISEOS

Tal vez algún espíritu o ángel le habló».

10Como el conflicto se tornó más violento, el comandante tenía temor de que descuartizaran a Pablo. De modo que les ordenó a sus soldados que fueran a rescatarlo por la fuerza y lo regresaran a la fortaleza.
11Esa noche el Señor se le apareció a Pablo y le dijo:

DIOS

«Ten ánimo, Pablo. Así como has sido mi testigo aquí en Jerusalén, también debes predicar la Buena Noticia en Roma».

21:28 En griego griegos.
21:29 En griego Trófimo, el efesio.
21:32 En griego centuriones.
21:40 O hebreo.
22:2 En griego en arameo, o en hebreo.
22:8 O Jesús nazareno.
22:18 En griego de él.
22:21 Gentil[es], que no es judío.
22:25 En griego centurión; también en 22:26.
22:30 En griego el Sanedrín.
23:1 En griego al Sanedrín; similar en 23:6, 15, 20, 28.
23:3 En griego a ti, pared blanqueada.
23:5 Ex 22:28.

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