La Historia de la Misericordia Redentora

Romanos 9:1-11:36

91Con Cristo de testigo hablo con toda veracidad. Mi conciencia y el Espíritu Santo lo confirman. 2Tengo el corazón lleno de amarga tristeza e infinito dolor 3por mi pueblo, mis hermanos judíos.* Yo estaría dispuesto a vivir bajo maldición para siempre —¡separado de Cristo!— si eso pudiera salvarlos. 4Ellos son el pueblo de Israel, elegidos para ser los hijos adoptivos de Dios.* Él les reveló su gloria, hizo pactos con ellos y les entregó su ley. Les dio el privilegio de adorarlo y de recibir sus promesas maravillosas. 5Abraham, Isaac y Jacob son los antepasados de los israelitas, y Cristo mismo era israelita en cuanto a su naturaleza humana. Y él es Dios, el que reina sobre todas las cosas, ¡y es digno de eterna alabanza! Amén.*
6Ahora bien, ¿acaso Dios no cumplió su promesa a Israel? ¡No, porque no todos los que nacen en la nación de Israel son en verdad miembros del pueblo de Dios! 7Ser descendientes de Abraham no los hace verdaderos hijos de Abraham, pues las Escrituras dicen: «Isaac es el hijo mediante el cual procederán tus descendientes»*, aunque Abraham también tuvo otros hijos. 8Eso significa que no todos los descendientes naturales de Abraham son necesariamente hijos de Dios. Solo los hijos de la promesa son considerados hijos de Abraham; 9pues Dios había prometido: «Volveré dentro de un año, y Sara tendrá un hijo»*.
10Ese hijo fue nuestro antepasado Isaac. Cuando se casó con Rebeca, ella dio a luz mellizos.* 11Sin embargo, antes de que nacieran, antes de que pudieran hacer algo bueno o malo, ella recibió un mensaje de Dios. (Este mensaje demuestra que Dios elige a la gente según sus propósitos; 12él llama a las personas, pero no según las buenas o malas acciones que hayan hecho). Se le dijo: «Tu hijo mayor servirá a tu hijo menor»*. 13Como dicen las Escrituras: «Amé a Jacob, pero rechacé a Esaú»*.
14¿Estamos diciendo, entonces, que Dios fue injusto? ¡Por supuesto que no! 15Pues Dios le dijo a Moisés:
«Tendré misericordia de quien yo quiera
y mostraré compasión con quien yo quiera»*.
16Por lo tanto, es Dios quien decide tener misericordia. No depende de nuestro deseo ni de nuestro esfuerzo.
17Pues las Escrituras cuentan que Dios le dijo al faraón: «Te he designado con el propósito específico de exhibir mi poder en ti y dar a conocer mi fama por toda la tierra»*. 18Así que, como ven, Dios decide tener misericordia de algunos y también decide endurecer el corazón de otros para que se nieguen a escuchar.
19Ahora bien, ustedes podrían decir: «¿Por qué Dios culpa a las personas por no responder? ¿Acaso no hicieron sencillamente lo que él les exige que hagan?».
20No, no digan eso. ¿Quién eres tú, simple ser humano, para discutir con Dios? ¿Acaso el objeto creado puede preguntarle a su creador: «¿Por qué me has hecho así?»? 21Cuando un alfarero hace vasijas de barro, ¿no tiene derecho a usar del mismo trozo de barro para hacer una vasija de adorno y otra para arrojar basura? 22De la misma manera, aunque Dios tiene el derecho de mostrar su enojo y su poder, él es muy paciente con aquellos que son objeto de su enojo, los que están destinados para destrucción. 23Lo hace para que las riquezas de su gloria brillen con mucha más intensidad sobre aquellos a quienes les tiene misericordia, los que preparó de antemano para gloria. 24Y nosotros estamos entre los que él eligió, ya sea del grupo de los judíos o de los gentiles.
25Con respecto a los gentiles, Dios dice en la profecía de Oseas:
«A los que no eran mi pueblo,
ahora los llamaré mi pueblo.
Y amaré a los que
antes no amaba»*.
26Y también dice:
«En el lugar donde se les dijo:
“Ustedes no son mi pueblo”,
allí serán llamados
“hijos del Dios viviente”»*.
27Con respecto a Israel, el profeta Isaías clamó:
«Aunque los hijos de Israel son tan numerosos como la arena a la orilla del mar,
solo un remanente se salvará.
28Pues el Señor ejecutará su sentencia sobre la tierra
sin demora y de manera terminante»*.
29Y lo mismo dijo Isaías en otro lugar:
«Si el Señor de los Ejércitos Celestiales
no hubiera perdonado la vida a unos cuantos de nuestros hijos,
habríamos sido exterminados como Sodoma
y destruidos como Gomorra»*.
30¿Qué significa todo esto? Aunque los gentiles no trataban de seguir las normas de Dios, fueron declarados justos a los ojos de Dios; y eso sucedió por medio de la fe. 31Pero los hijos de Israel, que se esforzaron tanto en cumplir la ley para llegar a ser justos ante Dios, nunca lo lograron. 32¿Por qué no? Porque trataban de hacerse justos ante Dios por cumplir la ley* en lugar de confiar en él. Tropezaron con la gran piedra en su camino. 33Dios se lo advirtió en las Escrituras cuando dijo:
«Pongo en Jerusalén* una piedra que hace tropezar a muchos,
una roca que los hace caer.
Pero todo el que confíe en él
jamás será avergonzado»*.
101Amados hermanos, el profundo deseo de mi corazón y mi oración a Dios es que los israelitas lleguen a ser salvos. 2Yo sé que ellos tienen un gran entusiasmo por Dios, pero es un fervor mal encauzado. 3Pues no entienden la forma en que Dios hace justas a las personas ante él. Se niegan a aceptar el modo de Dios y, en cambio, se aferran a su propio modo de hacerse justos ante él tratando de cumplir la ley. 4Sin embargo, Cristo ya cumplió el propósito por el cual se entregó la ley.* Como resultado, a todos los que creen en él se les declara justos a los ojos de Dios.
5Pues Moisés escribe que la ley exige obediencia a todos sus mandatos* para que una persona llegue a ser justa ante Dios. 6Pero el modo de la fe para hacernos justos ante Dios dice: «No digas en tu corazón: “¿Quién subirá al cielo?” (para hacer bajar a Cristo a la tierra). 7Ni tampoco digas: “¿Quién descenderá al lugar de los muertos?” (para volver a Cristo de nuevo a la vida)». 8En realidad, dice:
«El mensaje está muy al alcance de la mano,
está en tus labios y en tu corazón»*.
Y ese mensaje es el mismo mensaje que nosotros predicamos acerca de la fe: 9Si declaras abiertamente que Jesús es el Señor y crees en tu corazón que Dios lo levantó de los muertos, serás salvo. 10Pues es por creer en tu corazón que eres declarado justo a los ojos de Dios y es por declarar abiertamente tu fe que eres salvo. 11Como nos dicen las Escrituras: «Todo el que confíe en él jamás será avergonzado»*. 12No hay diferencia entre los judíos y los gentiles* en ese sentido. Ambos tienen al mismo Señor, quien da con generosidad a todos los que lo invocan. 13Pues «todo el que invoque el nombre del Señorserá salvo»*.
14¿Pero cómo pueden ellos invocarlo para que los salve si no creen en él? ¿Y cómo pueden creer en él si nunca han oído de él? ¿Y cómo pueden oír de él a menos que alguien se lo diga? 15¿Y cómo irá alguien a contarles sin ser enviado? Por eso, las Escrituras dicen: «¡Qué hermosos son los pies de los mensajeros que traen buenas noticias!»*.
16Sin embargo, no todos aceptan la Buena Noticia, porque el profeta Isaías dijo: «Señor, ¿quién ha creído nuestro mensaje?»*. 17Así que la fe viene por oír, es decir, por oír la Buena Noticia acerca de Cristo. 18Pero pregunto: ¿de verdad el pueblo de Israel oyó el mensaje? Claro que sí.
«El mensaje se ha difundido por toda la tierra,
y sus palabras, por todo el mundo»*.
19Vuelvo a preguntar: ¿entendió realmente el pueblo de Israel? Por supuesto que sí. Pues, incluso en el tiempo de Moisés, Dios dijo:
«Despertaré sus celos con un pueblo que ni siquiera es una nación.
Provocaré su enojo por medio de gentiles insensatos»*.
20Luego Isaías habló audazmente de parte de Dios y dijo:
«Me encontraron personas que no me buscaban.
Me mostré a los que no preguntaban por mí»*.
21Pero, con respecto a Israel, Dios dijo:
«Todo el día les abrí mis brazos,
pero ellos fueron desobedientes y rebeldes»*.
111Entonces pregunto: ¿acaso Dios ha rechazado a su propio pueblo, la nación de Israel? ¡Por supuesto que no! Yo mismo soy israelita, descendiente de Abraham y miembro de la tribu de Benjamín.
2No, Dios no ha rechazado a su propio pueblo, al cual eligió desde el principio. ¿Se dan cuenta de lo que dicen las Escrituras sobre el tema? El profeta Elías se quejó del pueblo de Israel ante Dios y dijo: 3«Señor, han matado a tus profetas y derribaron tus altares. Yo soy el único que queda con vida, y ahora me buscan para matarme a mí también»*.
4¿Y recuerdan la respuesta de Dios? Él dijo: «¡No, tengo a siete mil más que nunca se han inclinado ante Baal!»*.
5Lo mismo sucede hoy, porque unos cuantos del pueblo de Israel han permanecido fieles*por la gracia de Dios, es decir, por su bondad inmerecida al elegirlos; 6y como es mediante la bondad de Dios, entonces no es por medio de buenas acciones. Pues, en ese caso, la gracia de Dios no sería lo que realmente es: gratuita e inmerecida.
7Así que la situación es la siguiente: la mayoría del pueblo de Israel no ha encontrado el favor de Dios que tanto busca. Unos cuantos sí lo han encontrado —los que Dios ha elegido—, pero el corazón de los demás fue endurecido. 8Como dicen las Escrituras:
«Dios los hizo caer en un sueño profundo.
Hasta el día de hoy, les ha cerrado los ojos para que no vean
y les ha tapado los oídos para que no oigan»*.
9También David dijo:
«Que su mesa de abundancia se convierta en una trampa,
en un engaño que los lleve a pensar que todo está bien.
Que sus bendiciones los hagan tropezar,
y que reciban su merecido.
10Que sus ojos queden ciegos para que no puedan ver,
y que la espalda se les encorve para siempre»*.
11¿Acaso el pueblo de Dios tropezó y cayó sin posibilidad de recuperarse? ¡De ninguna manera! El pueblo fue desobediente, por eso Dios puso la salvación al alcance de los gentiles.* Sin embargo, él quería que su propio pueblo sintiera celos y la reclamara para sí. 12Ahora bien, si los gentiles fueron enriquecidos porque los israelitas rechazaron la oferta de salvación de Dios, imagínense cuánto más grande será la bendición para el mundo cuando ellos por fin la acepten.
13Menciono todo lo anterior especialmente para ustedes, los gentiles. Dios me designó apóstol a los gentiles. Pongo énfasis en esto 14porque, de alguna manera, quiero hacer que los hijos de Israel sientan celos de lo que tienen ustedes, los gentiles, y entonces yo pueda salvar a algunos de ellos. 15Pues, si el rechazo de ellos hizo que Dios ofreciera la salvación al resto del mundo, la aceptación de ellos será algo aún más maravilloso. ¡Será vida para los que estaban muertos! 16Y dado que Abraham y los otros patriarcas fueron santos, sus descendientes también serán santos, del mismo modo que toda la masa de pan es santa porque la porción que se da como ofrenda es santa. Pues, si las raíces del árbol son santas, las ramas también lo serán.
17Algunas ramas del árbol de Abraham —algunos del pueblo de Israel— han sido arrancadas; y ustedes, los gentiles, que eran ramas de un olivo silvestre, fueron injertados. Así que ahora ustedes también reciben la bendición que Dios prometió a Abraham y a sus hijos, con lo cual comparten con ellos el alimento nutritivo que proviene de la raíz del olivo especial de Dios. 18Así que no se jacten de haber sido injertados para reemplazar a las ramas que fueron arrancadas. Ustedes son solo una rama, no son la raíz.
19Tal vez digas: «Bueno, esas ramas fueron arrancadas para darme lugar a mí». 20Es cierto, pero recuerda: esas ramas fueron arrancadas porque no creyeron en Cristo, y tú estás allí porque sí crees. Así que no te consideres tan importante, más bien teme lo que podría suceder. 21Pues, si Dios no perdonó a las ramas originales, tampoco* te perdonará a ti.
22Fíjate en que Dios es bondadoso pero también es severo. Es severo con los que desobedecen, pero será bondadoso contigo si sigues confiando en su bondad. En cambio, si dejas de confiar, tú también serás arrancado por completo. 23Y si el pueblo de Israel abandona su incredulidad, volverá a ser injertado, pues Dios tiene poder para volver a injertarlo en el árbol. 24Tú, por naturaleza, eras una rama cortada de un olivo silvestre. Por lo tanto, si Dios estuvo dispuesto a ir en contra de la naturaleza al injertarte en un árbol cultivado, él estará mucho más dispuesto a injertar las ramas originales en el árbol al que pertenecen.
25Mis amados hermanos, quiero que entiendan este misterio para que no se vuelvan orgullosos de ustedes mismos. Parte del pueblo de Israel tiene el corazón endurecido, pero eso solo durará hasta que se complete el número de gentiles que aceptarán a Cristo. 26Y entonces todo Israel será salvo. Como dicen las Escrituras:
«El que rescata vendrá de Jerusalén*
y apartará a Israel* de la maldad.
27Y mi pacto con ellos es
que quitaré sus pecados»*.
28Muchos del pueblo de Israel ahora son enemigos de la Buena Noticia, y eso los beneficia a ustedes, los gentiles. Sin embargo, ellos todavía son el pueblo que Dios ama, porque él eligió a los antepasados Abraham, Isaac y Jacob. 29Pues los dones de Dios y su llamado son irrevocables. 30Ustedes, los gentiles, antes eran rebeldes contra Dios, pero cuando el pueblo de Israel se rebeló contra él, Dios tuvo misericordia de ustedes y no de ellos. 31Ahora ellos son los rebeldes y a ustedes Dios les mostró su misericordia para que* ellos también participen de la misericordia de Dios. 32Pues Dios encarceló a todos en la desobediencia para poder tener misericordia de todos.
33¡Qué grande es la riqueza, la sabiduría y el conocimiento de Dios! ¡Es realmente imposible para nosotros entender sus decisiones y sus caminos!
34Pues, ¿quién puede conocer los pensamientos del Señor?
¿Quién sabe lo suficiente para aconsejarlo?*
35¿Y quién le ha entregado tanto
para que él tenga que devolvérselo?*
36Pues todas las cosas provienen de él y existen por su poder y son para su gloria. ¡A él sea toda la gloria por siempre! Amén.

9:3 En griego pueblo, mis hermanos.
9:4 En griego elegidos para la adopción como hijos.
9:5 O Que Dios, el que reina sobre todas las cosas, sea alabado por siempre. Amén.
9:7 Gn 21:12.
9:9 Gn 18:10, 14.
9:10 En griego ella concibió hijos de ese hombre solamente.
9:12 Gn 25:23.
9:13 Ml 1:2-3.
9:15 Ex 33:19.
9:17 Ex 9:16 (versión griega).
9:25 Os 2:23.
9:26 Os 1:10.
9:27-28 Is 10:22-23 (versión griega).
9:29 Is 1:9 (versión griega).
9:32 En griego por medio de acciones.
9:33a En griego en Sión.
9:33b Is 8:14; 28:16 (versión griega).
10:4 O Cristo es el fin de la ley.
10:5 Ver Lv 18:5.
10:6-8 Dt 30:12-14.
10:11 Is 28:16 (versión griega).
10:12 Gentil[es], que no es judío. En griego y los griegos.
10:13 Jl 2:32.
10:15 Is 52:7.
10:16 Is 53:1.
10:18 Sal 19:4.
10:19 Dt 32:21.
10:20 Is 65:1 (versión griega).
10:21 Is 65:2 (versión griega).
11:3 1 Re 19:10, 14.
11:4 1 Re 19:18.
11:5 En griego porque un remanente ha permanecido fiel.
11:8 Is 29:10; Dt 29:4.
11:9-10 Sal 69:22-23 (versión griega).
11:11 Gentil[es], que no es judío.
11:21 Algunos manuscritos dicen quizá tampoco.
11:26a En griego de Sión.
11:26b En griego Jacob.
11:26-27 Is 59:20-21; 27:9 (versión griega).
11:31 Otros manuscritos dicen para que ahora; incluso otros dicen para que algún día.
11:34 Is 40:13 (versión griega).
11:35 Ver Jb 41:11.

HAMBRE POR CONOCER MÁS A DIOS

  • Reflexiona en las acciones de Dios descritas en este pasaje.
  • ¿Qué muestran con respecto a los caminos de Dios?
  • ¿Haz experimentado los caminos de Dios en tu vida? Si es así, ¿cómo? Si no, ¿qué podrías hacer para experimentarlos?
  • ¿Qué puedes hacer esta semana para crecer en tu deseo de conocer y seguir a Dios de una manera más íntima?
La Santa Biblia, Nueva Traducción Viviente,
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